Seamos sincero, cuando alguien menciona la Región de Murcia, la mente viaja casi en piloto automático hacia la costa. Visualizamos La Manga, el Mar Menor o las calas de Águilas. Es normal. Pero reducir esta comunidad únicamente a sus playas y servicios turísticos de verano es un error de cálculo; estaríamos pasando por alto su verdadero corazón: el interior.
1. Caravaca de la Cruz: La Ciudad Santa
No se puede hablar con propiedad del interior de Murcia sin empezar por el peso pesado: Caravaca de la Cruz. Ubicada en el Noroeste, esta localidad juega en otra liga. No es solo un pueblo bonito; es una de las cinco Ciudades Santas de la Cristiandad en el mundo, compartiendo título con gigantes como Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana.
Un paseo por la historia
El perfil de Caravaca impone. Está dominado por la Basílica-Santuario de la Vera Cruz, una fortaleza que protege su famosa reliquia. Subir hasta ella implica perderse por el «Barrio Medieval», un entramado de calles empinadas que es, literalmente, un viaje al pasado. Las fachadas señoriales y el caos encantador de su trazado urbano nos recuerdan que aquí hubo una historia gloriosa.
Pero ojo, Caravaca no es solo fe y piedra. También es verde. El paraje de Las Fuentes del Marqués es un oasis de frescor donde el agua brota cristalina entre una vegetación frondosa. El sitio perfecto para bajar pulsaciones después de una mañana de turismo.
2. Moratalla: El balcón del Noroeste
Si vas buscando esa esencia medieval pura, sin filtros, Moratalla es tu parada. El pueblo se derrama sobre la ladera de un cerro coronado por un castillo, creando una imagen que impresiona incluso antes de bajar del coche.
Laberinto de calles y tambores
Aquí el mejor consejo es olvidar el GPS y dejarse llevar. Su casco urbano es un laberinto de calles estrechas y empinadas, llenas de flores, herencia directa de su pasado islámico y de la Orden de Santiago. Subir a la Torre del Homenaje de su castillo (gótico militar) tiene premio: unas vistas panorámicas que cortan la respiración.
Y un apunte importante: si tienes la suerte de ir en Semana Santa, prepárate para el estruendo. Su famosa Tamborada, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, es una experiencia sonora vibrante que define el carácter de sus gentes.
3. Cehegín: Maravilla Rural
Muy cerca de los anteriores aparece Cehegín, una joya que ha sabido cuidar su Casco Antiguo con un mimo excepcional. No es casualidad que aparezca recurrentemente en las listas de las maravillas rurales de España.
Arquitectura señorial
Caminar por la Calle Mayor de Cehegín es como pasear por un museo al aire libre, pero con vida. Se suceden palacios barrocos y casonas blasonadas, como el Palacio de los Fajardo, que denotan la riqueza histórica de la villa.
Además, Cehegín mira muy atrás en el tiempo. A un paso del centro tienes las ruinas de Begastri, una antigua ciudad visigoda que añade una capa de profundidad cultural fascinante a la visita. ¿Para rematar? Siéntate a la mesa y pide un «empedrao» o unas migas.
4. Aledo: Vigilante desde las alturas
En pleno corazón de Sierra Espuña, colgado literalmente sobre un precipicio de roca, se alza Aledo. Es pequeño en tamaño, pero gigante en ubicación estratégica. Su posición defensiva lo convirtió en una plaza inexpugnable durante siglos.
La Noche de las Velas
Su icono es la Torre del Homenaje, «La Calahorra». De origen musulmán y reconstruida por la Orden de Santiago, ofrece desde su terraza unas vistas espectaculares de los valles y los badlands circundantes.
Sin embargo, Aledo ha ganado fama nacional recientemente por algo más efímero: la Noche en Vela. Una noche de verano al año, el pueblo apaga todo el alumbrado eléctrico. Solo miles de velas iluminan las calles, creando una atmósfera mágica y romántica difícil de describir. Si buscas una experiencia visual única, apúntalo en la agenda.
5. Calasparra: Entre arrozales y santuarios
Calasparra es sinónimo de dos cosas: agua y arroz. Bañada por el río Segura, ofrece un paisaje diferente al resto, mucho más verde y fértil, famoso mundialmente por su Arroz con Denominación de Origen.
El Santuario de la Esperanza
Pero el gran reclamo, el que te deja boquiabierto, es el Santuario de la Virgen de la Esperanza. Olvida los templos en cimas de montañas; este está excavado en la roca de una gruta, justo a la orilla del río. La arquitectura se funde con la naturaleza de una forma tan perfecta que sobrecoge. Es un lugar de paz absoluta donde el sonido del agua es la banda sonora constante.
6. Cabo de Palos: El encanto marinero
Aunque esta ruta se centra en el interior, sería injusto ignorar al pueblo costero con más personalidad de la región: Cabo de Palos. A diferencia de las frías urbanizaciones turísticas, este lugar conserva su alma de pueblo de pescadores.
Un faro y fondos marinos únicos
Su faro icónico, majestuoso sobre el promontorio, lleva más de 150 años guiando barcos. Dar un paseo por allí al atardecer regala una de las mejores puestas de sol del Mediterráneo.
A sus pies se extiende la Reserva Marina de Cabo de Palos e Islas Hormigas, la meca para buceadores de todo el mundo. Pero si no te va lo de sumergirte, disfruta de la superficie: sus calas de aguas turquesas y sus restaurantes. Probar un auténtico caldero del Mar Menor frente al puerto no es opcional, es obligatorio.
Una región por descubrir
La Región de Murcia es un puzle de culturas, paisajes y sabores. Estos pueblos son solo una pequeña muestra de lo que esta tierra ofrece cuando te sales del guion establecido.
Ya sea por la espiritualidad de Caravaca, la historia de las piedras de Moratalla y Aledo, la naturaleza viva de Calasparra o el sabor a sal de Cabo de Palos, cada destino es una excusa perfecta para hacer las maletas. Recorrerlos es conectar con una Murcia auténtica, acogedora y sorprendente. ¿Por cuál vas a empezar?
